Foro Tzahal
Am Israel Jai !!
Crear foro
Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Últimos temas
» Israel.. Economía, Sociedad y Desarrollo
Lun Feb 13, 2017 2:15 pm por Dayan

» La Guerra de los Seis Dias
Dom Ene 15, 2017 8:32 pm por Shomer

» Servicios de Inteligencia
Dom Ene 15, 2017 8:28 pm por Shomer

» Conflicto Israel - Siria
Vie Ene 06, 2017 7:57 pm por Dayan

» Noticias, Novedades, Tzahal y las industrias de defensa
Lun Ene 02, 2017 1:47 pm por Dayan

» FFAA Iraníes, La Armada
Mar Dic 27, 2016 12:45 am por Dayan

» Defensa AA, Industria Aeroespacial
Lun Dic 26, 2016 2:22 pm por Dayan

» El Programa F35 en Israel
Miér Dic 14, 2016 10:36 pm por Shomer

» Conflicto existencial: Tanques o Mantequilla?
Mar Dic 13, 2016 11:46 pm por Dayan

Submarinos Clase Dolphin

Sáb Jun 02, 2007 11:35 pm por Shomer

Submarinos Clase Dolphin
INS Dolphin - INS Leviathan - INS Tekuma




El programa para dotar a la Heyl Ha'Yam (Marina Israelí) con una nueva clase de submarinos mas grandes y capaces que los Clase Gal, se …

Comentarios: 141

Visita la web
Crear foro
Adsence
Bookmarking social

Bookmarking social Digg  Bookmarking social Delicious  Bookmarking social Reddit  Bookmarking social Stumbleupon  Bookmarking social Slashdot  Bookmarking social Yahoo  Bookmarking social Google  Bookmarking social Blinklist  Bookmarking social Blogmarks  Bookmarking social Technorati  

Conserva y comparte la dirección de Forum Tzahal - פורום צה''ל en tu sitio de bookmarking social

Conserva y comparte la dirección de Foro Tzahal en tu sitio de bookmarking social


Artículos interesantes

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Artículos interesantes

Mensaje por Leandro Bazano el Vie Abr 01, 2011 4:20 pm

Lejos estoy de pretender opinar sobre la política interna de Israel, pero esta nota señala algunos puntos interesantes, sobre todo los relativos a los acuerdos básicos sobre los que se sustenta el Estado de Israel, y marca algunas cuestiones conflictivas que se están desarrollando.
Lo posteo para vuestro conocimiento.


Leandro Bazano

http://www.lanacion.com.ar/1361860-el-laberinto-israeli

El laberinto israelí
Santiago Kovadloff

Para LA NACION

Recientemente tuvieron lugar un par de hechos contrastantes e igualmente reveladores de lo que sucede en Israel. Pocas semanas atrás, el primer ministro Benjamin Netanyahu y su canciller, Avigdor Lieberman, tensaron aún más la ya crispada relación que mantienen. Sin consensuarlo previamente con Lieberman, Netanyahu hizo público el nombre del funcionario que representaría a Israel en las Naciones Unidas. Procediendo de igual modo, el canciller no ahorró micrófonos radiales ni pantallas de televisión para que el primer ministro se enterara, como un ciudadano más, de su posición al respecto. Lieberman declaró, sin privarse de ningún calificativo, que Netanyahu no era quién para designar a ese funcionario ya que el área en cuestión estaba exclusivamente bajo su competencia.

Dada la modalidad que asumió el enfrentamiento, lindante con lo patético y la vida de conventillo, la crisis de la coalición gobernante acusa una hondura inquietante y lleva a preguntarse hasta cuándo podrá sostenerse la alianza entre el partido de Netanyahu y el de su ministro de Relaciones Exteriores, o sea, entre la centroderecha y el nacionalismo radicalizado.

Por otra parte y en estos días, una sentencia sin precedente condenó a Moshe Katsav, ex presidente israelí, a siete años de cárcel. Un tribunal de Tel Aviv lo declaró culpable en dos casos de violación y otro de acoso sexual. Complementariamente, se impuso al condenado el pago de una indemnización de 32.000 dólares para resarcir de algún modo a las víctimas. "Todos los hombres son iguales ante la justicia", afirmó el juez George Kara al leer la sentencia. "El acusado -añadió- es un símbolo y el que haya cometido tales acciones mientras ocupaba altos cargos hace que el caso sea más grave."

El primero de los dos hechos referidos muestra la magnitud alcanzada por la turbulencia y la escasa calidad del debate entablado entre los dos principales representantes del oficialismo. El segundo, la formidable impermeabilidad de la justicia a cualquier tipo de presión política o, lo que es igual, la infrecuente fortaleza e independencia de las instituciones centrales del Estado judío.

Es pues en el marco de un Estado de Derecho, jurídica y democráticamente avanzado, donde cabe inscribir el análisis de los dilemas que hoy enfrenta la sociedad israelí. Lo recuerdo porque lo usual, en los tiempos que corren, sobre todo entre los voceros de la izquierda europea y latinoamericana, consiste en confundir al Estado israelí con algunas de las conductas e intereses de sus gobiernos de turno, tendencia que muchas veces culmina en la subestimación del Estado, cuando no en la negación de su derecho a la existencia. Con ello, el presunto progresismo occidental y la judeofobia alentada por el extremismo islámico confluyen en un mismo prejuicio y en una misma condena.

En el orden partidario, la centroderecha y la centroizquierda israelíes atraviesan hoy una etapa problemática ante la embestida ideológica de los extremos. El país está dirigido por una alianza cuyas dos fuerzas principales se encuentran con demasiada frecuencia al borde de la ruptura. Ellas son el Likud, con veintisiete bancas en el Parlamento, e Israel Beyteinu, con quince. El Likud expresa a la centroderecha; Israel Beyteinu, los ideales de un nacionalismo exacerbado. Netanyahu lidera el Likud; Lieberman, a Israel Beyteinu. Pese a que Netanyahu se desempeña como primer ministro, el hombre fuerte de la coalición es Lieberman. El primer ministro ha demostrado escasa aptitud para controlar a su aliado y éste prácticamente ninguna consideración hacia quien ocupa en el gobierno un rango jerárquicamente superior al suyo. El canciller cuenta, entre otras fuerzas de menor volumen, con el apoyo de un millón quinientos mil rusos. Todos ellos llegaron a Israel en inmigraciones sucesivas, desde el momento en que se produjo la disolución de la Unión Soviética. Lieberman mismo es ruso de origen y su posición intransigente frente a los árabes le ha granjeado el respaldo de los abanderados del nacionalismo. En un país de siete millones y medio de habitantes, la fuerza que sustenta a Lieberman está lejos de constituir una presencia irrelevante.

Por otra parte, las circunstancias actuales han alentado una sorprendente convergencia entre ese nacionalismo y la ortodoxia religiosa volcada a la política e igualmente nacionalista. Lo cierto es que los ortodoxos políticamente activos y radicalizados son cada vez más numerosos en Israel. Ellos son los principales promotores de los asentamientos judíos que proliferan en desmedro territorial de los palestinos. Sueñan con un gran Israel y aseguran haber encontrado en la Biblia (Torá) el fundamento irrefutable de esa aspiración. A medida que crece su incidencia, la lógica inflexible con que proceden tiñe con un acentuado matiz teocrático el debate partidario. Incluso demográficamente se estima que los ortodoxos podrían superar, en pocos años, a la población laica del país. En ésta, la descendencia es escasa e insignificante si se la compara con el número de hijos aportados por cada familia religiosa.

Así como la centroderecha padece en el gobierno los embates del extremismo nacionalista, tanto laico como religioso, la centroizquierda sufre los efectos de una marcada fragmentación y una pérdida muy pronunciada de su tradicional poder de incidencia social. El histórico partido laborista (Mapai) se debilita mediante sucesivas subdivisiones. Kadima, la agrupación de centroizquierda con más representantes en el Parlamento (28 bancas) y liderada por Tzipi Livni, fue derrotada por el Likud y sus socios en los últimos comicios. Y no deja de ser elocuente el hecho de que el célebre Shalom Ajshav (Paz ahora), que impulsó en el pasado los acuerdos más amplios con los palestinos, carezca en este momento del protagonismo que tuvo.

Pese a ello y a sus naturales diferencias programáticas, la centroizquierda comparte con el ala moderada de la derecha algunas convicciones decisivas para el sustento de las políticas del Estado de Israel. El apego a las instituciones democráticas es firme en ambas partes y ello incide de manera determinante en la actitud paciente y el temple admirable con que los israelíes encaran sus conflictos, haciendo de la búsqueda incansable de consensos la llave maestra del acceso a los emprendimientos que el sistema reclama.

La primera y fundamental de esas convicciones básicas compartidas es la de preservar y desarrollar la democracia israelí. Asimismo, la de mantener una efectiva capacidad de defensa y el carácter mayoritariamente judío de la población del país. Las políticas de asistencia social están igualmente consensuadas y ningún cambio de gobierno las vulnera. Los programas de desarrollo tecnológico, la calidad brindada y exigida a sus universidades, los proyectos de incesante urbanización, la preservación del medio ambiente y la libertad de expresión de sus medios periodísticos son constantes sin retroceso en la vida de Israel. Disienten, en cambio, derecha e izquierda en la elección de los caminos a seguir para lograr muchos de esos propósitos.

A este complejo escenario cabe sumar otra fuente de tensiones. Es la relación entre israelíes y árabes israelíes. Estos son de nacionalidad palestina y cuentan con la ciudadanía israelí. De los siete millones y medio de habitantes, un millón y medio es árabe. Tienen representación parlamentaria, pero su presencia en la escena política ha ido decreciendo notoriamente en los últimos años. Hay al menos dos razones para ello y ambas acusan un hondo desaliento cívico: la estrechez económica que los afecta y la desesperanza sembrada por la irresolución del conflicto palestino-israelí. Debe tenerse en cuenta, asimismo, que desde el punto de vista demográfico, los árabes israelíes conforman uno de los dos sectores (el otro es el de los judíos ortodoxos) con una de las mayores tasas de natalidad en el país. Sociólogos y politólogos suelen caracterizar ese crecimiento desenfrenado como "la bomba demográfica árabe".

El reverso de la densa atmósfera religiosa que describí y de la cual Jerusalén es sin duda el escenario más elocuente lo constituye Tel Aviv. Allí el hedonismo característico de las sociedades occidentales avanzadas se deja ver en todo su esplendor. Consumo, sofisticación arquitectónica y despolitización ostensible en sus sectores más acomodados se dan la mano enmarcados en un escenario de refinamiento intelectual y artístico favorecido por una geografía a la que el Mediterráneo le imprime todo su hechizo. La sombra de la guerra sigue acechando sus días pero la sed de normalidad manifiesta su impulso invicto en conductas, diálogos y hábitos que buscan soslayar los efectos del miedo y la violencia para privilegiar el apego a una cotidianeidad mucho más frágil de lo que en verdad parece. En Israel se nombra irónicamente a Tel Aviv con la expresión "medinat Tel Aviv" (el país de Tel Aviv), un mundo aparte dentro del minúsculo territorio nacional que, como señaló el politólogo y académico Mario Sznajder, "es una suerte de Singapur superdesarrollada, rica y volcada al placer de vivir; tolerante y abierta a todo, que ya no tiene paciencia para las veleidades ideológicas ni para el extremismo de las periferias empobrecidas".

Dos palabras finales para decir que, ante la ola de protestas que sacude a las sociedades árabes, Israel ha reaccionado hasta ahora con suma cautela. El citado profesor Sznajder está persuadido de que "las mentes más claras comprenden que la modernización política y el pluralismo (de esas sociedades), aun cuando den origen a problemas políticos inmediatos para Israel (por ejemplo, mayores presiones para negociar con la OLP), a la larga podrían generar entendimientos más sólidos que los actuales entre nuestro país y sus vecinos. Hoy por hoy lo que se advierte es la conveniencia de aguardar sin dejar de acompañar el desarrollo de los acontecimientos con moderada expectativa. Hay, en verdad, un temor básico aquí, que en la derecha es una certeza y en la izquierda una incertidumbre: que los movimientos musulmanes extremistas se apoderen de los nuevos gobiernos que puedan ir surgiendo en la región".

Poco tiempo después de recoger estas reflexiones de Mario Sznajder, leí en la prensa israelí que en Egipto y tras la abdicación de Mubarak, las fuerzas armadas habían liberado, entre otros condenados a cadena perpetua, a los dos asesinos del ex presidente Sadat. Sadat fue el hombre que consideró imprescindible que los árabes reconocieran como legítima la existencia del Estado de Israel.

© La Nacion

avatar
Leandro Bazano
New Member
New Member

Ubicación : Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Nacionalidad: :

Volver arriba Ir abajo

Re: Artículos interesantes

Mensaje por Shomer el Jue Oct 18, 2012 8:39 pm

Y en eso llegó Fidel…
Publicado en Miércoles, 17 Octubre 2012 13:27
Escrito por Alberto Mazor


Pintaba más o menos bien. Hace dos años atrás, en octubre de 2010, Fidel Castro, ya anciano, recapacitó con la almohada, trató de enmendar algunos de sus errores y rectificar sus pensamientos. Dicen que nunca es tarde cuando la intención es buena.



Entonces, en un excepcional instante de lucidez, Fidel acababa de declarar en un hospital de la Habana donde permanecía internado, que el pueblo judío había sido el más injuriado de la historia. También admitió públicamente, y a viva voz, la existencia del Holocausto, la expulsión de los judíos de la Tierra de Israel y el hecho de que durante miles de años estuvieron sujetos a terribles violaciones, asaltos, persecuciones, deportaciones y asesinatos.

Castro dijo en aquel momento sentirse admirado de que, a pesar de todas esas desgracias, el pueblo judío consiguió mantenerse relativamente unido a lo largo de los siglos en base a su identidad y a sus tradiciones «como la nación que es».

Y por si ello fuera poco, aconsejó al presidente iraní, Mahmud Ahmadijenad, a dejar de injuriar a los judios y de negar la Shoá.

Todo parecía ir de maravillas, pero el problema es que el tiempo sigue pasando, nos vamos poniendo cada vez más viejos, y también un poco más experimentados, como para entender que el objetivo de varios líderes del Tercer Mundo debería haber sido hacer lo necesario para sus pueblos avancen rumbo al primero. Pero algunos de ellos muy pronto comprendieron que si lo llevaban a cabo, se arriesgarían a perder justamente eso: ser líderes de por vida. Para dirigentes del tipo Castro, se trata de una decisión difícil. Después de todo, para ciertos políticos el poder es la capacidad de hacer creer a muchos lo poco que éstos les interesan.

En octubre de 1953, en su defensa por el juicio del Moncada, Fidel había dicho que «en las monarquías teocráticas de la más remota antigüedad, era prácticamente un principio constitucional que cuando un rey gobernase torpe y despóticamente, fuera depuesto y reemplazado por un príncipe virtuoso». Y encarando a los jueces exclamó: «Pueden condenarme; la historia me absolverá».

Con su pasado reconocimiento de las desgracias del pueblo judío, el viejo Fidel ya iba en camino de que la historia lo absuelva; pero resulta que esa misma historia a la que él se refirió no era más que una mentira encuadernada.

Esta semana, el diario alemán «Die Welt» publicó actas, documentos firmados y protocolos desclasificados de los archivos del espionaje germano, en los cuales se puede leer claramente que para enfrentar la crisis de los misiles con EE.UU en 1962, el «progre» Fidel reclutó nada más y nada menos que a ex oficiales nazis miembros de las Waffen-SS, paracaidistas y técnicos del ejército del Führer para que instruyan a las tropas cubanas en el arte de combatir contra futuros invasores.

En pocas palabras: Querían hacer de Cuba un garito de misiles y en eso llegó Fidel con miembros de la Gestapo de la mano. Se acabó la diversión; llegó el Comandante y mandó a parar.

No hay caso; con el tiempo nos vamos dando cuenta que la mayoría de los llamados héroes revolucionarios son como los cuadros de una exposición: para estimarlos y valorarlos realmente no hay que mirarlos demasiado cerca.


_________________

Israel en Facebook - https://www.facebook.com/Espiritudeisrael

“No dependas de nadie en este mundo, porque hasta tu propia sombra te abandona cuando estás en la oscuridad”
avatar
Shomer
Moderador
Moderador

Ubicación : Israel
Nacionalidad: :

http://miblog-shomer.blogspot.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Artículos interesantes

Mensaje por Shomer el Dom Feb 10, 2013 6:08 pm

Israel: Ganar batallas, perder la guerra
Escrito por Mario Vargas Llosa


Mario Vargas Llosa

Cada vez que me gana el pesimismo sobre Israel y pienso que la derechización de su sociedad y sus gobiernos son irreversibles y seguirán empujando al país hacia una catástrofe que abrasará a todo Oriente Medio y acaso al mundo entero, algo ocurre que me devuelve la esperanza.

Esta vez han sido una conferencia de David Grossman y el estreno en Nueva York del documental «The Gatekeepers» (Los Guardianes), del director Dror Moré. Ambos testimonios prueban que todavía hay un margen de lucidez y sensatez en la opinión pública de Israel que no se deja arrollar por la marea extremista que encabezan la dirigencia de los asentamientos judíos en Cisjordania, los partidos religiosos y Binyamín Netanyahu.


David Grossman

David Grossman no es sólo un excelente novelista y ensayista; también una figura pública que defiende la negociación entre Israel y la Autoridad Palestina, la cree todavía posible y está convencido de que en el futuro ambos Estados pueden no sólo coexistir sino colaborar en pos del progreso y la paz en Oriente Medio.

Grossman habla despacio, con suavidad, y sus argumentos son rigurosos, sustentados en convicciones profundamente democráticas. Fue uno de los seguidores más activos del movimiento «Paz ahora», y ni siquiera su tragedia familiar - la pérdida de un hijo militar en la Segunda Guerra de Líbano - ha alterado su vocación y su militancia pacifistas.

Sus primeros libros incluían muchas entrevistas y relatos de sus conversaciones con los palestinos que a mí me sirvieron de brújula para entender en toda su complejidad las tensiones que recorren a la sociedad israelí desde el nacimiento de Israel. Su conmovedora intervención fue escuchada con unción religiosa por los centenares de personas que abarrotaban la sala.

El documental del cineasta israelí Dror Moré es fascinante y no me extraña que haya sido seleccionado entre los candidatos al Oscar en su género. Consiste en entrevistas a los seis ex directores del Shin Bet, el servicio de inteligencia de Israel, es decir, los guardianes de su seguridad interna y externa, quienes, desde la fundación del país, en 1948, han combatido el terrorismo dentro y fuera del territorio israelí, decapitado múltiples conspiraciones de sus enemigos, liquidado a buen número de ellos en atentados espectaculares, y sometido a la población palestina de Cisjordania a un escrutinio sistemático y a menudo implacable.

Parece inconcebible que estas seis personas, tan íntimamente compenetradas con los secretos militares más delicados del Estado israelí, hablen con la franqueza y falta de miramientos con que lo hacen ante las cámaras de Dror Moré. Una prueba relevante de que la libertad de opinión y de crítica existe en Israel.

Moré ha explicado que, al pasar esta por la seguridad del Estado, ya que aludía a cuestiones militares, solo recibió dos ínfimas sugerencias, a las que accedió.

El Shin Bet ha sido muy eficaz impidiendo atentados contra los gobernantes israelíes tramados por terroristas islámicos, pero no pudo atajar el asesinato del primer ministro Itzjak Rabín, el gestor de los Acuerdos de de Oslo, por un fanático israelí. Eso sí, consiguió evitar el complot de un grupo terrorista de judíos ultra religiosos que se proponía dinamitar la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo, lo que sin duda hubiera provocado en todo el mundo musulmán una reacción de incalculables consecuencias.

«Para combatir al terror hay que olvidarse de la moral», dice en el documental Avraham Shalom, quien debió renunciar al Shin Bet en 1986 por haber ordenado asesinar a dos palestinos que secuestraron un autobús. Anciano y enfermo, Shalom es uno de los más fríos y destemplados de los seis entrevistados a la hora de describir al Israel de nuestros días. «Nos hemos vuelto crueles», afirma. Y, también, que se ha perdido el idealismo y el optimismo que caracterizaba a los antiguos sionistas. Los gobiernos de ahora, según él, evitan tomar decisiones de largo aliento. «Ya no hay estrategia, sólo tácticas», señala.

Por su parte, Ami Ayalón, que dirigió el Shin Bet entre 1996 y 2000, lamenta que sus compatriotas no quieran ver ni oír lo que ocurre a su alrededor. «Cuando las cosas se ponen feas, dice, lo más fácil es cerrar los oídos y los ojos». La frase que más me impresionó en todo el documental la dice él mismo: «Ganamos todas las batallas, pero perdemos la guerra». Creo que no hay mejor definición de lo que puede ser el futuro de Israel si sus gobiernos no enmiendan la política de intransigencia y de fuerza que ha sido la suya desde el fracaso de las negociaciones con los palestinos de Camp David y Taba.

Contrariamente a lo que se esperaría de estos hombres duros, que han tomado decisiones dificilísimas, a veces sangrientas y feroces, en defensa de su país, ninguno de ellos defiende las posiciones de esa línea fanática y sectaria que encarna el movimiento de los asentamientos, empeñados en rehacer el Israel bíblico, o el partido del ex ministro de Exteriores de Netanyahu, Avigdor Liberman.

Aunque con matices, los seis, de manera muy explícita consideran que la ocupación de los territorios palestinos, la política de extender los asentamientos y la pura fuerza militar han fracasado y preludian, a la corta o a la larga, un desastre para Israel. Y que, por ello, este país necesita un gobierno con genuino liderazgo, capaz de retirarse de territorios como Ariel Sharón retiró a la población judía de la Franja de Gaza en 2005. Los seis son partidarios de reabrir las negociaciones con los palestinos.

Avraham Shalom, preguntado por Dror Moré si ese diálogo debería incluir a Hamás, responde: «También». Y apostilla, aunque sin ironía: «Trabajar en el Shin Bet nos vuelve realistas, ya lo ve».

Escuché al director de «The Gatekeepers» la noche del estreno de su película y las cosas sensatas y valientes que decía se parecían como dos gotas de agua a las que le había oído, unos días antes, de David Grossman. «¿Qué se puede hacer para que esa opinión pública que no quiere ver ni oír lo que ocurre, se vea obligada a hacerlo?», le preguntó una espectadora. La respuesta de Dror Moré fue: «El presidente Obama debe actuar».

Su razonamiento es simple y exacto. Estados Unidos es el único país en el planeta que tiene todavía influencia sobre Israel. No sólo por la importante ayuda económica y militar que le presta, sino porque, enfrentándose a veces al mundo entero, sigue apoyándolo en los organismos internacionales, vetando en el Consejo de Seguridad todas las resoluciones que lo afectan, y porque en la sociedad estadounidense las políticas más extremistas del gobierno israelí cuentan con poderosos partidarios.

Conscientes del desprestigio internacional que sus gobiernos le han ganado, de las amonestaciones y condenas frecuentes que recibe de Naciones Unidas y de organizaciones de derechos humanos debido a la expansión de los asentamientos y su reticencia a abrir negociaciones serias con el Gobierno palestino, Israel se ha ido aislando cada vez más de la comunidad internacional y encerrándose en la paranoia y en un numantismo peligroso.

Sólo Estados Unidos puede convencer a Netanyahu de que reabra las negociaciones y acelere la constitución de un Estado palestino y de acuerdos que garanticen la seguridad y el futuro de Israel.

Grossman y Moré lo creen así y con constancia y valentía, en sus campos respectivos, obran para que ello se haga realidad.

Ojalá ellos y los israelíes que piensan todavía como ellos consigan su designio de diálogo y de paz. Tengo algunas dudas porque también en Estados Unidos hay muchísima gente que, cuando se trata de Israel, prefiere taparse las orejas y los ojos en vez de encarar la realidad.

Fuente: The New York Times
Traducción: www.israelenlinea.com

_________________

Israel en Facebook - https://www.facebook.com/Espiritudeisrael

“No dependas de nadie en este mundo, porque hasta tu propia sombra te abandona cuando estás en la oscuridad”
avatar
Shomer
Moderador
Moderador

Ubicación : Israel
Nacionalidad: :

http://miblog-shomer.blogspot.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Artículos interesantes

Mensaje por Leandro Bazano el Dom Mar 24, 2013 4:42 pm

Asimétricos

Por Pepe Eliaschev | 24/03/2013 | 03:34

Hay que acercarse hasta la avenida Callao 956, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear. Es una bella cuadra, frente a la plaza Rodríguez Peña. Añosos árboles, una cierta distinción y un aire de parisiense exquisitez definen esa ancha acera, cuando el peatón ya superó la mugre, el desorden y el caos que caracterizan al deteriorado eje Entre Ríos-Callao hasta Corrientes.

No hay una casilla para proteger al vigilante de seguridad. No hay personal de seguridad. Es sólo una embajada más. No hay pintadas agresivas en sus paredes, tampoco hay vallados metálicos de la policía. Imposible saber cuántos funcionarios sirios atienden en ese afrancesado y enorme petit-hôtel de planta baja y tres pisos. La gente pasa y sigue. Nunca una manifestación, jamás un piquete. Todo transcurre en paz y armonía. Tampoco hay refuerzos de concreto y acero para protegerla. Nadie colocará allí una bomba ni lanzará un cóctel molotov.

En el país al que esa embajada se supone representa, sin embargo, un océano de sangre fluye día y noche, una matanza que no cesa. Hace dos años que los sirios están en una guerra atroz y especialmente cruel. Hace pocos días la televisión europea mostró a las primeras víctimas de las abominables armas “químicas”, aunque no se sabe si las emplearon las fuerzas oficiales de la dictadura de Bashar Al Assad o sus enemigos insurrectos.

Las estimaciones de las víctimas fatales de la carnicería siria oscilan entre 60 mil y 73 mil, incluyendo en esa cifra los 70 mil muertos compilados por las Naciones Unidas. Según Unicef, a comienzos de 2012 ya eran más de 500 los niños muertos y otros 400 menores de edad habían sido arrestados y torturados por el ejército en cárceles sirias. Más de 600 presos políticos ya murieron tras ser torturados en las cárceles de Al Assad. A comienzos de este mes, el grupo opositor SOHR divulgó cifras aun más espantosas: el número de niños asesinados por la guerra era ya 4.264, además de 2.579 mujeres muertas.

Sin embargo, la embajada siria conduce en paz sus negocios en la señorial calma de Recoleta. Nada perturba la tersa regularidad de la zona. Tamaña cantidad de muertos en un conflicto donde no interviene ni un solo soldado “occidental”, y tampoco opera un solo combatiente israelí, no impide que la normalidad se prolongue día a día. Todo se reduce a seguir las cifras de la barbarie en los medios que se dignan a mencionarla.

Las diversas y siempre pintorescas izquierdas no tienen interés en estas víctimas. Nos las sienten como propias, ni les preocupa que cada día haya cien muertos desde hace dos años, sin parar, sin cesar, sin menguar. No hay manifestaciones, ni marchas. No hay protestas, ni se anuncian boicots. ¿Cómo los habría? Cristina Kirchner ha recibido en su oportunidad al sátrapa de Damasco como si fuera un gran jefe de Estado, y el penoso Héctor Timerman se desplazó hasta la ahora ensangrentada Alepo en 2011 para pactar el acuerdo con Irán negociado por Al Assad. Todo bien, todo normal, nada que reclamar.

Es lo mismo que ha pasado en Irak, donde las fuerzas militares norteamericanas tuvieron un total de 4.486 soldados muertos entre 2003 y 2011, cuando abandonaron esa nación árabe. Los muertos de esa guerra, iniciada hace diez años, se estiman entre unos 110 mil, según The Associated Press, y 173 mil según el Iraq Body Count Project. Los norteamericanos se fueron de Irak el 18 de diciembre de 2011. Han pasado ya 16 meses, pero la matanza entre chiitas y chiitas mediante atentados suicidas sigue impertérrita, goteando decenas de cadáveres todos los días. Esta última semana, el enésimo ataque de Al Qaeda dentro de Irak dejó decenas de muertos árabes a manos de terroristas árabes. ¿Eran todos islámicos? No podría acreditarlo, pero quienes asesinan a mansalva, de modo serial, se definen como discípulos ortodoxos del islam.

Nadie protesta, ni aquí ni en ninguna parte. Los enardecidos “antisionistas” de Londres, Madrid, Berlín o Milán no tienen nada que decir de los muertos cuando los matadores no son norteamericanos ni israelíes. No existen, no preocupan, no hablan de eso. No hay comunicados, ni solicitadas. Los “intelectuales” mantienen cerradas sus bocas. ¿A qué “yanquis” atacar? ¿Cómo hacer para responsabilizar al “sionismo” de unas matanzas que ocurren lejos de Israel y de los territorios palestinos?

Una formidable, maciza y perenne hipocresía gobierna la sensibilidad de los “progresismos” realmente existentes. Los miles de asesinatos en Irak perpetrados en pesadillescos actos de terror cometidos entre árabes no mueven el amperímetro. De Siria y de su calamidad indescriptible no se habla, es invisible. Sólo interesan cierta violencia, ciertas muertes, ciertas operaciones militares. Un antinorteamericanismo enfermizo se anuda con una judeofobia recalcitrante. Nada más existe. La sobredimensionada primavera democrática árabe salió de los titulares de los diarios. Sólo de vez en cuando llegan noticias de Túnez, Libia y Egipto que revelan el abismal trecho que deben recorrer esos países para aspirar a ser unas democracias mínimamente dignas de ese nombre.

Por el contrario, 21 años después del atentado contra la embajada de Israel y a cuatro meses del 19º aniversario del que hizo volar la AMIA, diplomáticos israelíes y judíos argentinos viven parapetados tras pilotes de concreto. Aquí, sólo los judíos tienen algo para temer. Las verdaderas y masivas matanzas que hoy desgarran al mundo no suscitan en la Argentina la ira de nadie. Es cierto: somos derechos y humanos.



www.pepeeliaschev.com
http://www.perfil.com/columnistas/Asimetricos-20130324-0024.html





Leandro Bazano
avatar
Leandro Bazano
New Member
New Member

Ubicación : Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Nacionalidad: :

Volver arriba Ir abajo

Re: Artículos interesantes

Mensaje por Leandro Bazano el Dom Mar 24, 2013 5:17 pm

Shomer escribió:Israel: Ganar batallas, perder la guerra
Escrito por Mario Vargas Llosa


Mario Vargas Llosa

Cada vez que me gana el pesimismo sobre Israel y pienso que la derechización de su sociedad y sus gobiernos son irreversibles y seguirán empujando al país hacia una catástrofe que abrasará a todo Oriente Medio y acaso al mundo entero, algo ocurre que me devuelve la esperanza.

Esta vez han sido una conferencia de David Grossman y el estreno en Nueva York del documental «The Gatekeepers» (Los Guardianes), del director Dror Moré. Ambos testimonios prueban que todavía hay un margen de lucidez y sensatez en la opinión pública de Israel que no se deja arrollar por la marea extremista que encabezan la dirigencia de los asentamientos judíos en Cisjordania, los partidos religiosos y Binyamín Netanyahu.


David Grossman

David Grossman no es sólo un excelente novelista y ensayista; también una figura pública que defiende la negociación entre Israel y la Autoridad Palestina, la cree todavía posible y está convencido de que en el futuro ambos Estados pueden no sólo coexistir sino colaborar en pos del progreso y la paz en Oriente Medio.

Grossman habla despacio, con suavidad, y sus argumentos son rigurosos, sustentados en convicciones profundamente democráticas. Fue uno de los seguidores más activos del movimiento «Paz ahora», y ni siquiera su tragedia familiar - la pérdida de un hijo militar en la Segunda Guerra de Líbano - ha alterado su vocación y su militancia pacifistas.

Sus primeros libros incluían muchas entrevistas y relatos de sus conversaciones con los palestinos que a mí me sirvieron de brújula para entender en toda su complejidad las tensiones que recorren a la sociedad israelí desde el nacimiento de Israel. Su conmovedora intervención fue escuchada con unción religiosa por los centenares de personas que abarrotaban la sala.

El documental del cineasta israelí Dror Moré es fascinante y no me extraña que haya sido seleccionado entre los candidatos al Oscar en su género. Consiste en entrevistas a los seis ex directores del Shin Bet, el servicio de inteligencia de Israel, es decir, los guardianes de su seguridad interna y externa, quienes, desde la fundación del país, en 1948, han combatido el terrorismo dentro y fuera del territorio israelí, decapitado múltiples conspiraciones de sus enemigos, liquidado a buen número de ellos en atentados espectaculares, y sometido a la población palestina de Cisjordania a un escrutinio sistemático y a menudo implacable.

Parece inconcebible que estas seis personas, tan íntimamente compenetradas con los secretos militares más delicados del Estado israelí, hablen con la franqueza y falta de miramientos con que lo hacen ante las cámaras de Dror Moré. Una prueba relevante de que la libertad de opinión y de crítica existe en Israel.

Moré ha explicado que, al pasar esta por la seguridad del Estado, ya que aludía a cuestiones militares, solo recibió dos ínfimas sugerencias, a las que accedió.

El Shin Bet ha sido muy eficaz impidiendo atentados contra los gobernantes israelíes tramados por terroristas islámicos, pero no pudo atajar el asesinato del primer ministro Itzjak Rabín, el gestor de los Acuerdos de de Oslo, por un fanático israelí. Eso sí, consiguió evitar el complot de un grupo terrorista de judíos ultra religiosos que se proponía dinamitar la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo, lo que sin duda hubiera provocado en todo el mundo musulmán una reacción de incalculables consecuencias.

«Para combatir al terror hay que olvidarse de la moral», dice en el documental Avraham Shalom, quien debió renunciar al Shin Bet en 1986 por haber ordenado asesinar a dos palestinos que secuestraron un autobús. Anciano y enfermo, Shalom es uno de los más fríos y destemplados de los seis entrevistados a la hora de describir al Israel de nuestros días. «Nos hemos vuelto crueles», afirma. Y, también, que se ha perdido el idealismo y el optimismo que caracterizaba a los antiguos sionistas. Los gobiernos de ahora, según él, evitan tomar decisiones de largo aliento. «Ya no hay estrategia, sólo tácticas», señala.

Por su parte, Ami Ayalón, que dirigió el Shin Bet entre 1996 y 2000, lamenta que sus compatriotas no quieran ver ni oír lo que ocurre a su alrededor. «Cuando las cosas se ponen feas, dice, lo más fácil es cerrar los oídos y los ojos». La frase que más me impresionó en todo el documental la dice él mismo: «Ganamos todas las batallas, pero perdemos la guerra». Creo que no hay mejor definición de lo que puede ser el futuro de Israel si sus gobiernos no enmiendan la política de intransigencia y de fuerza que ha sido la suya desde el fracaso de las negociaciones con los palestinos de Camp David y Taba.

Contrariamente a lo que se esperaría de estos hombres duros, que han tomado decisiones dificilísimas, a veces sangrientas y feroces, en defensa de su país, ninguno de ellos defiende las posiciones de esa línea fanática y sectaria que encarna el movimiento de los asentamientos, empeñados en rehacer el Israel bíblico, o el partido del ex ministro de Exteriores de Netanyahu, Avigdor Liberman.

Aunque con matices, los seis, de manera muy explícita consideran que la ocupación de los territorios palestinos, la política de extender los asentamientos y la pura fuerza militar han fracasado y preludian, a la corta o a la larga, un desastre para Israel. Y que, por ello, este país necesita un gobierno con genuino liderazgo, capaz de retirarse de territorios como Ariel Sharón retiró a la población judía de la Franja de Gaza en 2005. Los seis son partidarios de reabrir las negociaciones con los palestinos.

Avraham Shalom, preguntado por Dror Moré si ese diálogo debería incluir a Hamás, responde: «También». Y apostilla, aunque sin ironía: «Trabajar en el Shin Bet nos vuelve realistas, ya lo ve».

Escuché al director de «The Gatekeepers» la noche del estreno de su película y las cosas sensatas y valientes que decía se parecían como dos gotas de agua a las que le había oído, unos días antes, de David Grossman. «¿Qué se puede hacer para que esa opinión pública que no quiere ver ni oír lo que ocurre, se vea obligada a hacerlo?», le preguntó una espectadora. La respuesta de Dror Moré fue: «El presidente Obama debe actuar».

Su razonamiento es simple y exacto. Estados Unidos es el único país en el planeta que tiene todavía influencia sobre Israel. No sólo por la importante ayuda económica y militar que le presta, sino porque, enfrentándose a veces al mundo entero, sigue apoyándolo en los organismos internacionales, vetando en el Consejo de Seguridad todas las resoluciones que lo afectan, y porque en la sociedad estadounidense las políticas más extremistas del gobierno israelí cuentan con poderosos partidarios.

Conscientes del desprestigio internacional que sus gobiernos le han ganado, de las amonestaciones y condenas frecuentes que recibe de Naciones Unidas y de organizaciones de derechos humanos debido a la expansión de los asentamientos y su reticencia a abrir negociaciones serias con el Gobierno palestino, Israel se ha ido aislando cada vez más de la comunidad internacional y encerrándose en la paranoia y en un numantismo peligroso.

Sólo Estados Unidos puede convencer a Netanyahu de que reabra las negociaciones y acelere la constitución de un Estado palestino y de acuerdos que garanticen la seguridad y el futuro de Israel.

Grossman y Moré lo creen así y con constancia y valentía, en sus campos respectivos, obran para que ello se haga realidad.

Ojalá ellos y los israelíes que piensan todavía como ellos consigan su designio de diálogo y de paz. Tengo algunas dudas porque también en Estados Unidos hay muchísima gente que, cuando se trata de Israel, prefiere taparse las orejas y los ojos en vez de encarar la realidad.

Fuente: The New York Times
Traducción: www.israelenlinea.com


Además de traidor y apátrida, el miserable de Vargas Llosa también revela su costado anti israelí; lo mejor que le pudo haber hecho a la humanidad ese miserable es haber perdido las elecciones en Perú en manos del gran estadista que venció al terrorismo, Fujimori, cuyas políticas económicas permitieron que su país crezca a tasas envidiables, mejorando los estándares de vida de la población y que ninguno de sus sucesores, Toledo, García y Humala, se atrevieron a modificar.
Solo rescato un párrafo: "...la libertad de opinión y de crítica existe en Israel".
Escribir esta nota sin mencionar la imperiosa necesidad de que para cualquier proceso de paz sea reconocida la existencia y la continuidad del estado de Israel, por parte de las naciones árabes y de los palestinos, es una canallada.

Leandro Bazano
avatar
Leandro Bazano
New Member
New Member

Ubicación : Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Nacionalidad: :

Volver arriba Ir abajo

Re: Artículos interesantes

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.