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Historia de los judíos en Argentina

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Historia de los judíos en Argentina

Mensaje por Shomer el Vie Abr 17, 2009 7:39 pm

Historia de los judíos en Argentina

La Historia de los judíos en la Argentina es anterior misma a la propia República. Los judíos han vivido durante siglos en ese país, sin embargo no se tienen registros de grandes poblaciones judías hasta los siglos XIX y XX. Algunos de los judíos que huían de la Inquisición española y portuguesa se establecieron en lo que hoy es territorio argentino, pero se asimilaron en la sociedad rioplatense. La población judía en la Argentina es la sexta más grande del mundo fuera de Israel y la más grande de América Latina. Al año 2006 se calculaba una población de alrededor de 184.500 judíos según algunas estimaciones, otras, basadas en un reporte del JOINT fundamentada en una muestra de 30.000 hogares, estimaba en el año 2005 233.000 judíos en Buenos Aires y alrededores, basándose en la definición de judío de acuerdo a la ley del retorno del estado de Israel .



Razones de la inmigración judía

Dependiendo de las épocas, las razones siempre fueron las mismas: expulsiones, persecuciones, pogromos, antisemitismo. Desde la Inquisición hasta el Holocausto la comunidad judía ha encontrado en las tierras argentinas un hogar donde poder asentarse y progresar.

A partir del siglo XVI llegaban provenientes de España, Portugal y el Norte de África. Posteriormente, en los siglos XIX y XX la región de origen fue principalmente Europa Occidental, sobre todo Alemania, y Europa Oriental, principalmente Rusia y Rumania entre otros. Las causas de la emigración se debieron principalmente a las políticas opresivas (del zarismo del Imperio Ruso) o situaciones de crisis que ponían en riesgo la base económica de las familias judías. La discriminación (antisemitismo) que recibieron los judíos en Europa durante el período de entreguerras (Primera Guerra Mundial y Segunda Guerra Mundial), especialmente por el nazismo, fue el motor para que embarcaran hacia los Estados Unidos y América del Sur.

Siglo XVII

El poeta y ensayista Luis Franco asevera que sólo en abril de 1619 llegaron a Buenos Aires ocho navíos con una gran cantidad de pasajeros de origen judío provenientes de Lisboa y Lima. Gran parte de éstos inmigrantes se dedicaron al comercio y a diversas actividades productivas como la platería, la carpintería ribereña y a la actividad agropecuaria, primero como chacareros, luego como estancieros y propietarios de esclavos. Éstos inmigrantes se integraron a la sociedad de Buenos Aires casándose con las hijas y nietas de los conquistadores y adelantados, dando origen al patriciado de Argentina.

Si se analizan los apellidos porteños y principales de los tiempos de entonces, se verá, en efecto, que todos, o casi todos, procedían de cepa hebreo-portuguesa, más o menos modificada por el injerto de sangre aragonesa, navarra o vascongada (Arana, Argañaraz, García, Zabala, Irala, Torres, Pereda, Insiarte, Gaete, Garrigós, Ezcurra, Beláustegui, Otolora, etc., etc., Pereyra, Ramos, Sáenz Valiente, Acevedo, Cueto, Piñeiro, Vidal, Fragueiro, Pinto, Pacheco, Rocha, etc.). Luis Franco: El Otro Rosas.

Siglo XIX

Durante la época colonial estuvo prohibida la permanencia de personas de fe judía, además aquellos católicos sospechosos de ser judaizantes eran perseguidos por la Inquisición, como se detalla en la historia del médico Francisco Maldonado da Silva, quemado vivo por dicho tribunal en Lima.[5] A pesar de eso muchos de los comerciantes portugueses en el Virreinato del Río de la Plata eran judíos Sefardí, pero como comunidad organizada no surgió sino hasta después de que la Argentina se independizara de España. Cerca del año 1810, judíos de Francia y otras partes de Europa occidental comenzaron a instalarse en territorio argentino. En las Provincias Unidas del Río de la Plata, la Asamblea General Constituyente realizada el día 24 de marzo de 1813 declaró la extinción de la Inquisición. Ello no significó que los judíos podían vivir libremente en lo que sería la actual Argentina. Pasaron muchos años para que empezaran a llegar judíos y se asentaran libremente. En 1846 una corriente de judíos llegó al país desde Alemania, cuyo número se desconoce. Antes de 1855, los judíos emigraron de Europa Occidental y se asentaron en Buenos Aires. En el año 1853, comenzó la existencia del judaísmo argentino como comunidad. Esta inmigración continuó hasta mediados del siglo XIX.

A mediados de siglo los judíos que vivían en la Argentina no superaban los 100. En 1862, ante la proximidad de Pésaj, ese reducido grupo pensó en reunirse en una entidad comunitaria. Diez hombres se reunieron para orar y así nació la Congregación Israelita de Buenos Aires, más adelante llamada Congregación Israelita de la República Argentina. Su primer presidente fue Segismundo Aguerbag. En 1876 el gobierno argentino autorizó el ejercicio del Ministerio del Rabinato Judío, promoviendo el impulso de la inmigración judía desde el imperio ruso. En 1888 ocho familias de agricultores judíos inmigraron y fundaron Moisesville, en la Pcia. de Santa Fe. Luego 50 familias fundaron la desaparecida Colonia de Aronsville.

Para fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, muchos judíos Askenazí llegaron al país desde Europa Oriental, huyendo de persecuciónes y pogromos. Los inmigrantes judíos al llegar a la Argentina, trabajaron como agrónomos y viñateros en Mendoza, y como ingenieros en Tierra del Fuego[cita requerida], durante los años 1883 a 1886. Otros desempeñaron cargos obreros, estancieros e industriales.


Sinagoga de la Congregación Israelita Argentina

Entre los años 1885 a 1889 un total de 2.385 judíos llegaron al país, a bordo del barco Weser, a causa de la intensificación de las amenazas de expulsión de los judíos de las zonas rusas, y de los cuales se sabe 2.260 permanecieron en el país. En 1888 se publicó en Buenos Aires el primer periódico escrito con caracteres hebraicos, con el nombre de "El Fonógrafo Hebraico", dirigido por Fabián S. Halevy.

En 1889 llegaron de Alemania unos 1.200 inmigrantes, una vez más a bordo del Weser y el Bremer. En general provenían de la región de Podolia en Ucrania. Respetaban estrictamente la religión y así como la vestimenta y el uso de barba.[6] Pero en 1889 se produjo un giro decisivo para la inmigración, ya que hubo cambios en el gobierno y en la política de inmigración y colonización.

Un año más tarde, en 1890, la Argentina lanzó su plan de inmigración, el cual consistió en pagar los pasajes, lo que trajo como consecuencia que desde 1891 hasta 1896 llegaran al país unos 20.121 judíos provenientes de Rusia y Rumania, instalándose, en su gran mayoría en Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe. En 1891, el vapor Pampa rentado por el Barón Hirsch llevó 817 inmigrantes judíos desde Ucrania, Polonia, Lituania y Besarabia. Esta inmigración dio origen a las colonias de Carlos Casares y Entre Ríos. Desde 1894 existen en Buenos Aires mueblerías de propiedad judía y aparecieron las primeras roperías judías.

Si bien muchos de esos inmigrantes se establecieron en las principales ciudades, muchos otros adquirieron tierras a través de la Jewish Colonization Association para establecer pequeñas colonias agrícolas ("comunas") en el interior del país, especialmente en las provincias Santa Fe y Entre Ríos. En cada colonia la explotación agrícola se adaptó a las condiciones especiales de la zona donde se encontraba, la explotación era mixta, basada sobre la agricultura, la cría de ganado con sus derivados, apicultura, horticultura, etc. Los habitantes de estas colonias rurales judías, son conocidos culturalmente bajo el nombre de Los Gauchos Judíos a raíz de un libro con ese título de Alberto Gerchunoff.

El 27 de septiembre de 1897 se colocó la piedra fundamental de la actual Sinagoga de la Congregación Israelita Argentina, en Libertad 785, frente a la Plaza Lavalle, ceremonia a la que asistió el Intendente Municipal, Francisco Alcobendas.

Siglo XX

Entre los años 1906 y 1912, la inmigración judía aumentó a un ritmo de alrededor de 13.000 inmigrantes por año, siendo la mayoría de Europa Oriental, también de Marruecos y el Imperio Otomano. Los inmigrantes judíos en la Argentina rápidamente se adaptaron y llegaron a desempeñar un papel importante en la sociedad argentina.

En 1920, aproximadamente 150.000 judíos vivían en la Argentina.

A partir de 1928, oleadas de inmigrantes judíos llegaron desde Alemania y el resto de Europa ocupada, especialmente después que Hitler llegara al poder en 1933. Entre los inmigrantes judío-alemanes ingresados después de 1928, hubo miles que escapaban de las políticas antisemitas implementadas durante ese régimen.

Pese a ciertas restricciones, Argentina fue el país latinoamericano que incorporó más refugiados judíos entre 1933 y 1945. Desde 1928 el país recibió alrededor de 45.000 judíos europeos, de los cuales probablemente la mitad ingresó de manera ilegal.

Durante las décadas del 30 y del 40, en la Argentina el sector manufacturero creció en número pero manteniendo su anterior composición de unas pocas grandes fabricas y muchas pequeñas empresas. Fabricar era una ocupación para extranjeros: en 1939 la mitad de los propietarios y trabajadores de pequeñas plantas de fabricación eran inmigrantes, muchos de ellos eran refugiados judíos recién llegados de Europa Central.

A comienzos de los años 50 la inmigración judía comenzó a disminuir, al mismo tiempo, el país estableció relaciones con el Estado de Israel.

La cultura judía ha realizado y continua realizando aportes considerables a la cultura argentina, en las ciencias, el arte, la música, el humor y los valores. A modo de ejemplo, uno de los tres premios Nobel de ciencias con que cuenta el país, César Milstein era judío; la música y los músicos judíos desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo del chamamé, estilo folclórico de la Mesopotamia argentina.

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Re: Historia de los judíos en Argentina

Mensaje por Magleb el Mar Jun 16, 2009 8:18 am

APORTE DE LOS JUDÍOS AL TANGO

Entre 1880 y 1930 en nuestro país ocurrió un fenómeno que se dio en llamar, despectivamente, “aluvión inmigratorio”: miles de personas llegaron al puerto de Buenos Aires conformando esa torre de babel que conviviría primero en el Hotel de Inmigrantes y luego, un gran porcentaje, en los conventillos de la capital. Italianos, españoles, rusos (en su gran mayoría de origen judío), turcos, alemanes y, en menor cantidad, portugueses, holandeses, belgas y suizos, abandonaban sus tierras para venir a “hacerse la América” o encontrar paz espiritual. Sus profesiones oscilaban entre el herrero siciliano, el ebanista florentino, el director de banda alemán y el violinista de Kiev. Paralelamente se producía una migración interna: el hombre de campo, el gaucho, buscando nuevos horizontes, se instala en la gran aldea.

En un proceso bastante doloroso de desprendimiento y de adaptación, se fundirían las diferentes idiosincrasias hasta llegar a una integración con el criollo que daría como resultado el porteño del siglo XX. Ellos encontrarían en el Tango un lenguaje común que les permitiría cruzar las barreras del idioma, de las costumbres, de las diferencias sociales. Es innegable el aporte que le brindaron hombres y mujeres de diferentes procedencias, ya sean italianos, españoles, alemanes, franceses o judíos. Poco se ha escrito sobre el papel de los judíos en el tango (por nombrar dos obras serias: “Tango Judío” de Julio Nudler y “El Tango, una historia con judíos” de José Judkovski).

Ya a principios del siglo XX las bandas incluyen tangos en su repertorio. Los interpretan las rondallas, suenan en el organito que recorre los barrios, se escuchan en los salones, suben al escenario como parte de los sainetes o recorren el teclado del piano de la mano de la niña de la casa. Pocos están ajenos al fenómeno incluidos músicos de excelente preparación académica: hombres y mujeres, blancos y negros, criollos y extranjeros. Uno de ellos es Peregrino Paulos cuyo tango “6º del Regimiento 2“(1916), Luis Rubistein enriquecerá con sus versos y que conoceremos con el nombre de “Inspiración”.

Para ese entonces, las diferentes comunidades organizan bailes integrándose, por medio de la música y la danza, a esa sociedad que todavía sostiene una mirada atónita ante el recién llegado, desestimado por parte de la intelectualidad de la época. La Unión Obrera Israelita será, a fines del 1800, una de las tantas sociedades que abrirá sus puertas facilitando el escenario a las orquestas y dando pista a los bailarines.

Pieza fundamental sería Max Glücksmann, pionero del cine nacional, de la industria discográfica y de los concursos de tango, responsable de las grabaciones y giras realizadas por Carlos Gardel. Si don Max fue un gran amigo del Zorzal, no olvidemos a otros judíos que también gozaron de la amistad de Gardel: Elías Alippi y Marcel Lattés. El primero, nacido en Buenos Aires como Isaías, fue bailarín, actor, autor y director, integrando la famosa y exitosa dupla Muiño-Alippi. En cuanto al segundo, rescatemos que fue coautor con Gardel, Alfredo Lepera y Mario Battistella de la canción “Cuando tú no estás”. De origen francés, murió en Auschwitz, Polonia.

Otros responsables de la difusión de nuestra música ciudadana fueron hombres de la colectividad judía, como José Schnaider que allá por los años 1920 estableciera su editorial de músical; Julio Korn, quien editaría títulos trascendentes como también la revista “La Canción” que devendría en “La Canción Moderna” y, posteriormente en la conocida “Radiolandia”; los hermanos Rubistein (Luis Rubistein, Elias Randal y Oscar Rubens), que además de ser excelentes creadores, fundaron la Editorial Select y, en el caso de Luis, PAADI (Primera Academia Argentina de Intérpretes); Enrique Lebendiger con su Editorial Fermata, a la que se integraría el multifacético Ben Molar (Moisés “Poroto” Smolarchik Brenner).

En cuanto a los instrumentistas, ya en las primeras décadas del siglo XX, el músico de origen judío se compenetra con el nuevo género y cambia a Beethoven por Arolas. Uno de ellos fue el bandoneonista Antonio Gutman, “El Ruso de la Galera” que allá por 1914 forma su cuarteto: Orquesta Típica “El Rusito”. A las diversas formaciones dirigidas por innovadores como Juan Maglio “Pacho”, se van incorporando hombres como el joven pianista Alberto Soifer, en la década de 1920. Soifer integrará también conjuntos dirigidos por Francisco Canaro y Osvaldo Fresedo y tocará con Anibal Troilo y Alfredo Gobbi. Junto a Roberto Firpo, Julio De Caro, Pedro Maffia y Pedro Laurenz, tocará el violín José Nieso (José Niezow) quien, en la década de 1930, ya como empresario, contratará al pianista Miguel Nijensohn para que se haga cargo de la dirección de la orquesta estable del dancing “Lucerna” fundado precisamente por Nieso. Y también los violinistas, Szymsia Bajour (maestro de maestros), Mario Abramovich, Raúl Kaplun (Israel Kaflun) o Samuel “Milo” Dojman; el bandoneonista, director, compositor y arreglador Ismael Spitalnik o el pianista Jaime Gosis. Silvia Spitalnik, psicóloga y poeta, sigue el camino trazado por su padre escribiendo sobre el tema.

Por supuesto que hubo y hay cantantes de tango judíos, como Roberto Beltrán (León Zucker) o su hermano, el recordado Marquitos Zucker; Rosita Montemar (Rosa Spruk) que grabara por primera vez “Recuerdo” de Osvaldo Pugliese y Eduardo Moreno, en 1927; Walter Yonsky (Isaac Wrzacki), Chico Novarro (Bernardo Mitnik), Guillermo Galvé (Marcos Guillermo Piker) o Susana Blaszko (Blaszkowski).

Y más nombres relacionados con el tango: Manuel Sofovich, periodista y hombre de teatro; León Benarós, periodista, poeta, ensayista y autor de tangos; César Tiempo (Israel Zeitlin) brillante escritor y defensor de nuestra cultura popular; los autores Samuel Eichelbaum y Alberto Gerchunoff; Luis Simón Saslavsky, director de películas trascendentales como “La Fuga”, donde actuaba Amelia Bence (Amelia Botwinik); Leo Lipesker, director del Primer Cuarteto de Cámara de Tango; Julio Rosenberg, arreglador de las orquestas de Julio De Caro y Pedro Laurenz; Santos Lipesker, a cargo de la dirección artística de Philips; el juez Víctor Sasson, creador de “La Gardeliana”; el inolvidable fileteador León Untroib…

Y el baterista Enrique “Zurdo” Roizner; el empresario Alejandro Romay (Argentino Alejandro Saúl); Lalo Schiffrin (Boris Claudio Schiffrin), la artista plástica Mirta Kupferminc; Gregorio Plotnicki, fundador del Museo Mano Blanca; el profesor Moshé Korin, gestor de actividades relacionadas con el tango en AMIA…Y la nueva generación de bandoneonistas, arregladores y compositores como Marcelo Jaime Nisinman y Luciano Jungman, o el contrabajista Ignacio Varchausky.

Y más, y más... Imposible resumir en pocas palabras el aporte de los judíos al tango. Pero queda algo por destacar: estos compositores no modifican el tango con escalas exóticas. Como consecuencia, el oyente no distingue si la música o la letra fueron escritas por un criollo, un italiano o un judío. Esto confirma lo que dice el psicólogo austríaco Viktor E.Frankl: “hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la “raza” de los hombres decentes y la “raza” de los indecentes”. Lo demás…es pura historia!

Esther Echenbaum Jonisz
Ernesto Mario Lach
(Mario Valdéz)

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Re: Historia de los judíos en Argentina

Mensaje por Jorge el Lun Oct 11, 2010 12:04 pm

En todos los Diarios de Argentina salió esto:

La DAIA, ofendida, pide a Boudou que se rectifique
La Delegación Israelita expresó su rechazo a la comparación que hizo el ministro de Economía de dos periodistas con quienes "ayudaban a limpiar las cámaras de gas en el nazismo".
Delegación de Asociaciones Israelistas Argentinas (DAIA) expresó su "rechazo absoluto" a las declaraciones realizadas por el ministro de Economía, Amado Boudou, que comparó a dos periodistas con quienes "ayudaban a limpiar las cámaras de gas en el nazismo".

Aldo Donzis, presidente de la DAIA opinó que las palabras de Boudou "ofenden profundamente la memoria de las víctimas y a los sobrevivientes del Holocausto". Además consideró que el ministro de Economía formuló declaraciones que "banalizan la Shoá, al utilizar ese recurso para descalificar".

En declaraciones a la Agencia Judía de Noticias (AJN), el presidente de la DAIA dijo que por ser Boudou parte del Ejecutivo nacional "debe tener la inteligencia y entereza suficientes para rectificar" sus dichos, que hacen "tanto daño" a quienes tienen "sensibilidad por el tema de la Shoá", reclamó.

"Esperamos que el ministro pueda reivindicarse de esta situación planteando que fue un error", insistió el dirigente judío.

El diario La Nación publicó el sábado que el funcionario comparó a dos periodistas, una de ese matutino y otro de Clarín, con quienes "ayudaban a limpiar las cámaras de gas en el nazismo".

Al respecto, el director para América Latina del Centro Simon Wiesenthal, Sergio Widder, señaló que Boudou podría realizar una aclaración pública esta semana, cuando se realice en la Capital Federal un seminario organizado por los ministerios de Educación, Justicia y Relaciones Exteriores.
11 de Octubre de 2010 07:18




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Re: Historia de los judíos en Argentina

Mensaje por Jorge el Vie Mayo 18, 2012 2:02 am

Presidenta de origen judío, por primera vez en la historia argentina

Beatriz Rojkés de Alperovich se convirtió en la primer presidente de origen judío en la historia argentina, a cargo del gobierno de forma provisoria por los viajes al exterior de la mandataria Cristina Kirchner y el vicepresidente Amado Boudou.

Beatriz Rojkés de Alperovich se convirtió en la primer presidente de origen judío en la historia argentina, a cargo del gobierno de forma provisoria por los viajes al exterior de la mandataria Cristina Kirchner y el vicepresidente Amado Boudou.

"Es la primera vez que esto ocurre en la historia argentina. Es muy positivo y habla muy bien de la sociedad argentina, que ha avanzado mucho en temas de pluralismo y diversidad. No interesa el origen étnico ni racial, sino su capacidad", dijo a la AFP Aldo Donzis, titular de la Delegación de Asociaciones Israelitas de Argentina (DAIA), la entidad política de la comunidad judía.

La colectividad judía argentina es la más numerosa de América latina, con unas 300.000 personas.

Rojkés de Alperovich, presidenta provisional del Senado y segunda en la línea de sucesión presidencial, cumplirá esa función por menos de un día, ya que Boudou regresará este jueves de una visita a Ginebra, mientras la presidenta Kirchner se encuentra en visita de Estado en Angola hasta el viernes.

Hasta la reforma de 1994, la Constitución argentina imponía la religión católica, apostólica y romana para los mandatarios, el culto mayoritario del país sudamericano.

Rojkés es la esposa del gobernador de la provincia de Tucumán (norte), José Alperovich.
[u]

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Re: Historia de los judíos en Argentina

Mensaje por Jorge el Dom Nov 25, 2012 11:33 am

Enojo de la colectividad judía con la Casa Rosada
Por Natasha Niebieskikwiat
Es por el apoyo de Cristina al Estado palestino, entre otros temas. 21/11/12

Un enojo latente fue creciendo en las últimas horas dentro de la colectividad judía con la presidente Cristina Kirchner por la reacción oficial en torno al conflicto israelí–palestino. En medio del fuego de Israel contra Gaza, y de los cohetes de Hamas hacia Israel, la dirigencia comunitaria se alineó detrás del Estado judío y criticó el discurso presidencial que –como leyera el canciller Héctor Timerman, el lunes– refiere a las víctimas palestinas y no a las israelíes, reconoce sólo al Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas como el interlocutor que debe resolver el conflicto, y volvió a considerar que Palestina debe ser un Estado independiente.

La única institución que salió al cruce en público fue el Bloque Unido Religioso, la ortodoxia juedoargentina que hoy gobierna la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y que, a través de la Agencia Judía de Noticias, salió con un duro comunicado. El texto expresó “desconcierto ante la posición asumida por la Cancillería en relación a los graves episodios que están aconteciendo en la Franja de Gaza”. Señaló que el lunes la Cancillería había convocado a una “urgente” reunión del Consejo de Seguridad de la ONU “a fin de exigir un alto el fuego unilateral” por parte de Israel “sin tomar en consideración y ni siquiera mencionar que precisamente el Estado de Israel es quien está siendo agredido por medio de un denso ataque de misiles contra su población civil desde hace varios meses”. El texto recordó el atentado contra la AMIA, de 1994. Y criticó además que la creación de un Estado palestino se haya propuesto “sin” ser “discutido” y “consensuado” con las partes.

Por otra parte, anoche, funcionarios de la Comisión Directiva de la Delegación de Asociaciones Israelitas de la Argentina (DAIA) masticaban su molestia, que decidieron callar en público. Optaron por esperar una reunión con Timerman para expresarle su molestia en medio de una reunión que debería ser la presentación formal de las nuevas autoridades. Lo curioso fueron sus reacciones. Mientras su presidente, Julio Schlosser, se llamó a silencio hasta consensuar una posición interna, el nuevo secretario general, Jorge Knoblovits, salió por Facebook con la insólita frase de Guillermo Moreno de “Clarín Miente” para manifestar su enojo por las posiciones que dejan a la DAIA cercana al poder K.

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Re: Historia de los judíos en Argentina

Mensaje por Jorge el Miér Dic 05, 2012 10:22 am

Acusan a Correa de haber "justificado" el atentado a la AMIA
05-12-12 DIARIO CLARÍN DE BUENOS AIRES

Lo hizo el Centro Simon Wiesenthal y así se sumó al repudio de otras entidades judías. El presidente ecuatoriano, recibido ayer por Cristina, había relativizado el ataque.

El Centro Simon Wiesenthal, una organización judía internacional de derechos humanos, acusó hoy al presidente ecuatoriano, Rafael Correa, de haber "justificado" el atentado terrorista contra la AMIA, que causó 85 muertos en 1994. Así, se sumó a los repudios de la propia mutual atacada y de la DAIA contra Correa, recibido ayer por Cristina Kirchner, por haber relativizado el atentado.

"Conozco ese caso --por la AMIA--. Es muy doloroso para la historia argentina, pero vea cuántos murieron en el bombardeo de la OTAN a Libia. Comparemos las cosas también y veamos dónde están los verdaderos peligros; no debemos manipular", dijo el presidente ecuatoriano en una entrevista con un medio público argentino y provocó el rechazo de la comunidad judía, que expresó "estupor" por esos dichos. En el mismo reportaje, Correo había hablado de la "democrática" República de Irán, a la que, justamente, la comunidad judía acusa por el atentado.

"El desprecio de Correa hacia las víctimas del terrorismo patrocinado por Irán habla por sí solo. Al adoptar un discurso anti-imperialista demagógico, ha justificado una masacre ocurrida en Buenos Aires", aseguró Shimon Samuels, director de Relaciones Internacionales del Centro Simon Wiesenthal.

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Re: Historia de los judíos en Argentina

Mensaje por Jorge el Sáb Dic 15, 2012 1:45 pm

Blackie, la película: un emotivo filme sobre "La Dama de la TV
AGENCIA TELAM 12/09/2012

"Blackie, la película", de Alberto Ponce revisita la apasionante vida de la cantante de jazz y periodista, para rendirle un homenaje fílmico que permite descubrir más acerca de la cultura nacional en el siglo XX.
La trama del filme tiene como eje una entrevista de ficción realizada a Paloma Efron, a quien su público bautizó Blackie, en la cual la actriz Dora Baret presta su voz a la protagonista, quien falleció en 1977, a los 64 años, luego de haber producido clásicos de la pantalla chica como “Odol Pregunta”.



Entre las tantas facetas de esta comunicadora estuvo también la actuación, arte que cultivó al participar en la película “¿Qué es el otoño?”, de David José Kohon, con la propia Dora Baret y Alfredo Alcón, donde Blackie aparecía haciendo de sí misma.

Según Ponce, montajista que participó en filmes de Leonardo Favio, eligió a Baret “por el recuerdo de aquella voz de Blackie en la peli, se me ocurrió que las voces de estas dos mujeres podían sonar parecidas con el paso del tiempo”, detalló en charla con Télam.

Las inflexiones de la voz de la periodista y sus silencios tenían un romance con el éter y sus programas radiales eran seguidos con devoción por sus oyentes. “Ella era una gran conversadora. Por eso –indicó Ponce- decidimos resaltar el valor de la conversación cara a cara”.

De ahí que esta bella investigación filmada apele al recurso de la charla frente a las tazas de té, “todo un gesto en plena época del auge de la comunicación a través de las redes sociales”, destacó el cineasta.

Esta emotiva realización, que dura 106 minutos, demandó casi cuatro años, ya que, fundamentó, “la investigación debía ser rigurosa. Me enamoré de este personaje capaz de convocar a figuras como Nat King Cole o Louis Armstrong, pero hasta que no lo hice mío no arranqué con el proyecto”.

La idea de la película se la debe a otra mujer, su hermana poetisa Stella Maris, a quien definió como “feminista en el mejor sentido de la palabra, una admiradora de Blackie por todo lo que logró hacer, siempre adelantada a su época”.

El director es entrerriano, al igual que Blackie, quien nació en Basavilbaso, y de esta misma localidad es oriunda la actriz Sofía Eckerdt, de 6 años, quien le presta el cuerpo a Paloma en los tiempos de su infancia durante el filme.

Ponce contó que el aporte de los coleccionistas privados resultó decisivo para lograr recuperar documentos, imágenes de la niñez de Paloma y un elemento clave del filme, “la colección de la revista Sintonía, cuyos números revisé uno por uno munido de guantes, durante mis frecuentes vistas al Museo del Cine”.

Un ajustado presupuesto de 140.000 pesos y una logística de rodaje que agrupó a los entrevistados por cercanía durante 10 días se corporizó en una bella obra que, a través de recorrer la vida de esta figura, analiza el funcionamiento de la televisión como reflejo de los vaivenes de la sociedad.

La alquimia entre el material riguroso de archivo y escenas que reconstruyen el decir de esta mujer infatigable con recursos propios de la ficción la vuelven un material interesante que seguramente hubiera seducido a Blackie.

El guión de “Blackie, la película" es de Ponce y Diego Sabanés, y las cuidadas fotografía y edición tienen a Fernando Marticorena y Vanina Cantó Soler como responsables respectivos.

La cinta puede verse en el Artecinema (Salta 1620), todos los días a las 18.40, mientras que desde el 16, los domingos a las 18 durante todo enero, se proyectará en el Malba (Figueroa Alcorta 3415) y a partir del jueves 27 en el Gaumont (Rivadavia 1635)

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Re: Historia de los judíos en Argentina

Mensaje por Jorge el Sáb Dic 29, 2012 2:37 pm

520 años después
Una reivindicación al pueblo sefaradí

España anunció que otorgará la nacionalidad a los descendientes de los judíos expulsados en 1492. Hay miles de argentinos que pueden ser beneficiados por la medida. El impacto en la comunidad.

No fue más que otro de los episodios de la saga de persecuciones y resistencias que a través de los siglos debieron enfrentar los judíos en todo el mundo: el 31 de marzo de 1492, los reyes católicos Fernando e Isabel firmaron en Granada el edicto de expulsión de España de todos los hijos de David. Sólo había una opción para evitarla: convertirse al catolicismo.

Aquella dolorosa elección entre el exilio y la humillación causó una historia de éxodos, travesías, simulaciones y estrategias de supervivencia religiosa y cultural que, quinientos veinte años después, está a punto de cerrarse sobre sí misma. Bajo un par de burocráticos sellos de la Cancillería y el Ministerio de Justicia, el gobierno de España anunció la semana pasada que le devolverá la ciudadanía española a los descendientes de aquellos desterrados. Miles de ellos viven en Argentina.

Mientras la sombra de la Inquisición se proyectaba sobre Europa, su intérprete en España, Tomás de Torquemada, inspiró el decreto por el cual se establecía un plazo de cuatro meses para “limpiar” de judíos esa tierra.

Muchos partieron hacia la vecina Portugal, porque les permitía mantenerse en contacto con quienes habían aceptado cristianizarse para evitar la hoguera.

El consuelo sirvió de poco: cuatro años después, el rey Manuel I sucumbió a la presión de sus pares españoles y repitió la operación antisemita. Otra vez, a levantar las casas y partir. O a disimular una identidad ancestral bajo el traslúcido ropaje de un bautismo oportuno, un ajuste en la grafía del apellido o el más conveniente cambio de identidad nominal.

Los “judíos conversos” –como los llamaron algunos historiadores– es el título de la exhaustiva investigación del argentino Mario Javier Saban.

En ella se dilucida el camino que llevó a decenas de judíos a mezclarse entre los adelantados y conquistadores de América para licuar las sospechas en su contra, o para mantener viva la llama de su fe lejos del huracán inquisidor. Fue una guerra de posiciones, regada de desconfianzas y traiciones.

En 1580, el portugués Pedro Díaz participa de la segunda fundación de Buenos Aires. Dos años después, fray Francisco de Vitoria, obispo de Tucumán, es denunciado como judaizante: sobre él pesa la duda de que su conversión no fue sincera. La misma duda arrastraba su primo Martín Hernández, hasta que se disipó en el crepitar de una hoguera. Más portugueses sospechosos llegan a Buenos Aires: comerciantes, banqueros y sobre todo médicos. De los primeros 25 que tuvo la ciudad la mitad eran judíos mal disimulados.

Hernando de Lerma, el fundador de Salta, terminó sus días en una cárcel de Madrid. ¿Su delito? “Judío”. El fundador de Córdoba, Jerónimo Luis Cabrera, también tenía sangre hebrea en sus venas: El primer banquero fuerte de la colonia, Diego de Vega, emplazó sus principales negocios sudamericanos en Buenos Aires para evitar el frecuente acoso de la Inquisición en Lima. En 1603 se expulsa de la ciudad a todos los “portugueses judaizantes” que habían llegado de Brasil. Pero como muchos estaban casados con hijas de españoles, sortean la deportación.

El juego del gato y el ratón continuó durante los siglos XVII y XVIII. En una carta destinada al obispo de Buenos Aires en 1766, Juan de Escandon estima que en la ciudad había entre 4.000 y 6.000 judaizantes. Sólo en 1788, tras el permiso del rey Juan Carlos de España para que puedan ingresar al ejército español personas de estirpe judaica, las persecuciones y la hipocresía ceden terreno.

Un año más tarde, la Revolución Francesa inicia la emancipación de todos los judíos europeos. En 1808, José Bonaparte declara la extinción de la Inquisición en España.

Dos años más tarde, en Buenos Aires, la Revolución de Mayo es agitada por una mayoría de descendientes de portugueses judíos. La Asamblea de 1813 y la Constitución de 1853 sellan cualquier hendija legal para la persecución. Pero mientras esto ocurría en América, tras la expulsión de 1492 miles de judíos desterrados de España y Portugal habían buscado refugio en los dominios turcos del Imperio Otomano y otras tierras libres de fanáticos cristianos, como Siria y Armenia.

Con el tamiz de los años y la influencia del mestizaje cultural, aquellos refugiados alumbraron una nueva y muy rica vertiente del judaísmo; la sefardí –o sefaradí según la preferencia de dos escuelas de interpretación distintas–, que identifica a los judíos españoles y sus descendientes.

En su acervo hay un dialecto, el ladino, fruto de la influencia que el español sufrió del hebreo y de otras lenguas habladas en los sitios en donde sus usuarios habían logrado establecerse.

El ladino, que muchos judíos argentinos habrán escuchado en sus casas cuando niños de labios de sus abuelos, también fue sino de discriminación: aunque según el diccionario esa palabra convertida en adjetivo describe a alguien “que actúa con astucia y disimulo para conseguir lo que se propone”, su uso coloquial describe a una persona de la que razonablemente habría que desconfiar.

¿Cómo fue que siglos después del solapado arribo de los “judíos conversos” fueron llegando a la Argentina los sefardíes? La investigadora de la cultura sefardí y cantante Liliana Tchukran de Benveniste (ver columna pág. 40) dividió a esa ola inmigratoria en cuatro grupos: los provenientes de Marruecos, de Turquía, de Grecia y los Balcanes y de Siria.

Los primeros barcos llegaron desde Tetuan, Ceuta, Tanger y Arcila, en Marruecos, entre 1870 y 1880. Traían a varones jóvenes, muchos de los cuales se especializaron en el arte del tejido: una labor que señaló el rumbo económico de su comunidad.

Se instalaron en San Telmo, cerca del puerto, y en 1890 ya rezaban en un templo ubicado en la calle Córdoba al 1100. Otros siguieron viaje al interior del país, poblando varias ciudades bonaerenses y pueblos del norte argentino. Con profunda vocación social –durante siglos su patria había vivido en los hábitos y ritos sociales que la recreaban– en pocas décadas se multiplicaron los clubes, sociedades y templos, en uno de los cuales se recibió la visita de un judío de renombre mundial: Albert Einstein. Corría 1920. Las diferentes agrupaciones e instituciones comunitarias sefardíes de origen marroquí se fusionaron en 1976, y dieron vida a la Asociación Comunidad Israelita Latina de Buenos Aires.

La cuantiosa colectividad de judíos que vivía en el Imperio Otomano comenzó a desgajar emigrados sobre el filo del siglo XIX. Empujados por los problemas económicos, la leva para el servicio militar que querían evitar y un creciente clima de inestabilidad política –más la inestimable ventaja que para cualquier sefardí implicaba probar suerte en un país en el que se hablaba castellano– desembarcaron en Buenos Aires miles de vendedores ambulantes, sastres y carpinteros. Se afincaron en el centro, en las calles Reconquista, 25 de Mayo, Corrientes y Paraguay; probaron suerte en Córdoba, Rosario, Tucumán, o en las fronteras arrebatadas a los indígenas en Chaco y Formosa.

En Buenos Aires, alquilaron un salón en la calle Gurruchaga, en Villa Crespo, donde se gestó la “Hermandad Sefaradí”. Sería el primer mojón de muchos otros en ese barrio. Y una vez más: clubes, organizaciones y templos que tejieron una densa trama de sostén social para quienes seguían bajando de los barcos: “Club Social Israelita Sefaradí”, “Asociación Comunidad Israelita Sefaradí de Buenos Aires”, y siguen los ejemplos. Pronto, la actividad y muchos de sus animadores fueron conquistando otro barrio porteño: Flores.

La tercera de las corrientes sefardíes que llegaron a la Argentina –uno de los destinos más importantes del mundo de esta diáspora– llegó desde Grecia. A comienzos del siglo XX desembarcaron grupos provenientes de la isla de Rodas, seguidos por otros de Tesalónica y Kos, que se instalaron en Colegiales, Belgrano y Coghlan. Para entonces ya había estallado la Segunda Guerra Mundial, y Grecia caía bajo dominio de los fascistas italianos.

Unos años antes, en 1908, llegaban a Buenos Aires los primeros sefardíes provenientes de Beirut. Poco después, entre 1910 y 1925 fueron arribando quienes venían de Damasco, y desde 1914 también los de Alepo: todos sirios. La mayoría eran varones que habían dejado a sus mujeres en el desierto oriental. Pronto las reemplazaron por otras locales. La Boca, Barracas y Lanús fueron los barrios elegidos por ellos. Y también Once, donde confluían y se cruzaban judíos de todos los orígenes.

Como muchos de sus paisanos, los sefardíes sirios comenzaron vendiendo mercadería en la calle; luego lograron instalar comercios y, en 1960, los alepinos crearon la “Cooperativa Mayo”, devenida con los años en “Banco Mayo”: el mismo que llegó a presidir el ex titular de la DAIA durante el menemismo Rubén Beraja, quien aún está procesado por su quiebra, en 1998.

Hubo más inmigrantes sefardíes. Vinieron desde varias ciudades que hoy pertenecen a Israel, de zonas persas y kurdas; yugoslavas, rumanas y búlgaras; bosnios, serbios macedonios y uzbekos. Argentina les abrió sus muelles y sus fábricas. Ellos traían sus brazos dispuestos, y valijas más llenas de esperanzas que de pertenencias. También traían una historia sombría de persecuciones que quedaban atrás. Sus hijos y nietos oyeron de ellas. Ahora España les tiende a ellos una mano que busca cerrar

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Re: Historia de los judíos en Argentina

Mensaje por Jorge el Miér Feb 13, 2013 4:16 pm

Causa AMIA: juristas pusieron en duda la validez del acuerdo con Irán

En pleno debate por el tratado que la Argentina firmó con Irán para que la Justicia local pueda indagar por primera vez a ex funcionarios de ese país acusados de la voladura de la AMIA, algunos juristas consultados por Infobae pusieron en duda la validez del tratado firmado entre ambas naciones.




El abogado Jorge Álvarez Berlanda recordó su experiencia cuando fue fiscal federal y pudo viajar a los Estados Unidos para indagar a Michael Townley, ex agente de la policía secreta chilena DINA, acusado de ser el autor material del crimen del ex jefe del Ejército transandino, Carlos Prats, y su esposa, Sofía Cuthbert, ocurrido en Buenos Aires en 1974.
Álvarez Berlanda contó que, tras indagarlo con las leyes argentinas, pidieron su captura, y que ello fue posible porque había un “convenio bilateral” entre nuestro país y los Estados Unidos.

Si bien el ex fiscal federal consideró que la ley argentina es “aplicable en su territorio y en el área en que tiene soberanía”, explicó que, de haber un tratado o convenio de reciprocidad, puede prosperar que “un juez argentino vaya a tomar declaración indagatoria” a otro país.
“Si Irán admite el tratado, también admitimos que los iraníes vengan acá y hagan lo mismo, por eso es un convenio bilateral”, aclaró.
Por su parte, el abogado constitucionalista Félix Loñ dijo que el tratado firmado entre Irán y la Argentina “desconoce toda la causa judicial que se ha venido elaborando durante todos estos años”. En ese sentido, advirtió que “no se sabe en qué va a quedar” la investigación.
Tras recordar que el vocero de la Cancillería iraní advirtió ayer que el juez Rodolfo Canicoba Corral, a cargo de la causa, no va a poder interrogar a los funcionarios, aseguró que el tratado es “inconstitucional” y “viola el Código Procesal”, ya que el mismo establece que “los juicios se realizan en el lugar donde se hayan cometido” los delitos.
Al ser consultado por Infobae, el jefe de Gabinete de la Cancillería durante el gobierno de Néstor Kirchner, Eduardo Valdés, opinó que si se quiere conocer la verdad hay que “lograr que Irán se ponga a derecho, y eso significa que puedan declarar ante el juez competente los funcionarios iraníes”.

En ese sentido, el ex funcionario expresó que mediante la “otra vía” –esto es, con los pedidos de captura que están pendientes desde 2006– no se llegó a una solución. “Esperemos que cumplan con lo acordado en el tratado”, deseó.
En tanto, el abogado Alejandro Carrió consideró que son los tratados en donde se determinan “normalmente las relaciones entre países para darle validez a los actos de cada uno” y en ellos se “determina la cooperación judicial”.
“Esa es la fuente jurídica”, agregó el letrado, quien evaluó que el tratado firmado recientemente entre Irán y la Argentina “da la impresión de que está modificando aspectos del Código Procesal Penal, porque el memorándum de entendimiento dice que se toman declaraciones en el exterior pero que luego no va a tener fuerza para ordenar un arresto”

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RABINOS EN LA GUERRA DE MALVINAS

Mensaje por Jorge el Sáb Ago 17, 2013 11:53 am

Los rabinos de Malvinas

El escritor Hernán Dobry revela en su libro una desconocida trama de intrigas y poder, con la atrocidad de la guerra como escenario.
Viernes 30 de Marzo de 2012

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"Qué raro que vos por ser judío estés combatiendo acá", le decía un sargento al soldado Pablo Macharowski en medio de los bombardeos durante la guerra de Malvinas, como si su religión fuera incompatible con ser argentino. "Había una cosa de si uno era argentino o no. Era como que por el hecho de ser judío no terminabas de serlo", afirma Claudio Szpin, del Regimiento de Infantería Mecanizada 3, de La Tablada, provincia de Buenos Aires. Él debió sufrir esa discriminación de parte de sus superiores en medio de los enfrentamientos con los ingleses.

El antisemitismo y los sufrimientos que vivían los conscriptos israelitas durante el conflicto (bombardeos, hambre, frío y maltratos) hacían necesaria la asistencia espiritual de un rabino para que los ayudara a sobrepasar esos momentos difíciles.

Pero eso era toda una utopía, ya que los únicos que contaban con este beneficio en el país eran los de origen católico, que recibían la visita de los capellanes castrenses desplegados junto a las diferentes unidades.

En la Argentina, la única fe que podía prestar sus servicios en las Fuerza Armadas era la católica, algo que se mantiene hasta la actualidad. Las demás tenían las puertas cerradas a pesar de que muchos suboficiales y soldados profesaban otros credos.

Por eso, el envío de cinco rabinos para que asistieran espiritualmente a los soldados judíos que estaban desplegados en las islas y en la costa patagónica fue todo un hito en la historia del país, ya que nunca antes se había dado y nunca más volvió a repetirse.

Todo esto sale a la luz por primera vez en el libro "Los rabinos de Malvinas: la comunidad judía argentina, la guerra del Atlántico Sur y el antisemitismo", cuyos contenidos fueron explicados a LA GACETA por el autor, Hernán Dobry.

Lo que resulta más increíble es que la designación de los religiosos se dio durante la última dictadura militar, que estaba acusada por el antisemitismo que existía en sus filas y en los centros clandestinos de detención.

Pese a esto los rabinos pudieron viajar y prestarles asistencia espiritual a los soldados judíos desplegados en la Patagonia, aunque no los dejaron llegar a las Malvinas por razones que mezclan lo estratégico con prejuicios.

Uno de estos casos fue el general de división Osvaldo García, comandante del Teatro de Operaciones Sur, quien se oponía a que arribaran los rabinos a Comodoro Rivadavia, escala previa para ir a las islas, a pesar de que era una orden del Estado Mayor Conjunto (EMC).

Eso le provocó un enfrentamiento con su subalterno, el coronel Esteban Solís. "No vamos a aceptar a ningún rabino que venga para acá, porque no tenemos tiempo para recibirlos ni ocuparnos de eso. En este momento no vamos a hacer absolutamente nada de eso, de manera tal que si el Estado Mayor insiste veremos qué es lo que ocurre", le dijo García a Solís. Finalmente, recapacitó y permitió que pudieran cumplir con sus funciones.

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